martes, 9 de julio de 2013




Esta es Fifi. Adora dormir y comer palitos (golosina de gatos). Confieso que ella es muy dulce, pero creo que es malcriada también, porque cuando no le damos los “benditos” palitos da unos maullidos que parece que está muriendo…
¿No es lo mismo que hacemos muchas veces cuando deseamos algo?! ¿A veces deseas aquel chico que te parece lindo aunque sea mujeriego, o aquella ropa en la vidriera de esa tienda cara, o incluso hacerte popular al punto de que todas las chicas deseen ser como tú?
Cuando queremos algo, muchas veces no podemos ni siquiera pensar en los puntos negativos. Si usáramos la cabeza en esos momentos, probablemente pensaríamos así:
* Él chico que parece un príncipe encantado probablemente me usará y luego me colocará en la estantería como un trofeo más.
* La ropa cara puede no ser tan maravillosa como parece. Tal vez no me quede bien, además, si busco, tal vez encuentre la misma pieza más barata en otro lugar.
* ¿Para qué quiero ser popular? ¿Simplemente para entrar en un “molde” y ser como todas las otras chicas que terminan desvalorizándose sólo para tener la atención de los otros?
- “¡En serio!” Sería lo que probablemente pensarías
Pero amigas, el problema es que si no están conectadas, en el momento que nuestros ojos o nuestro corazón desee algo o alguien, quedamos “ciegas” y apagamos el botoncito de la razón.
-      “¿Qué hacer entonces?”
En el momento en que tus emociones griten como Fifi grita por un palito, debes parar y pensar. Hacerte preguntitas como las que están descritas arriba.
Si cada vez que deseas algo, te entregas sin usar la cabeza, tu vida será como la ola del mar… un día allá arriba (feliz, alcanzando cosas buenas…) otros días allá abajo (triste, frustrada, decepcionada…)
¡Depende de ti!
Por Raquel Ouverney
Tomado del blog de D. Nanda  Bezerra    http://nandabezerra.com/es/?p=12600
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Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de Dios. De cierto os digo, que el que no recibe el reino de Dios como un niño, no entrará en él. (Lucas 18.16-17)

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